Por qué el hombre crea símbolos

El hombre antiguo era ignorante porque ignoraba los ordenes del cosmos y leyes naturales, -entre otros saberes- pero el hombre antiguo creaba símbolos no solo por su ignorancia sino sobre todo porque dentro de si tiene un ansia de existencia. Los animales también son ignorantes, -de hecho son bastante más ignorantes que el hombre, pero no crean símbolos de dioses como lo ha hecho el hombre, porque no tienen una conciencia que les ilumine su participación en la comunidad del ser. El hombre crea simbolos porque tiende a buscar Orden y Amor. Pero al mismo tiempo se encuentra en una situación "caída" donde entra el desorden y no-amor. Esto hace posible que el hombre fabrique símbolos de forma desordenada para intentar conocerse a sí mismo.

El hombre crea símbolos porque tiene un ansia de existencia y un deseo de conocerse a sí mismo.

El hombre se da cuenta que su existencia es sólo una parte de algo más. Ello implica ignora información esencial sobre si mismo. Esta situación de ignorancia con respecto al centro de su existencia le genera al hombre una ansiedad. Por eso el hombre a través de la historia fue creando símbolos, porque dichos símbolos le ayudan  ir comprendiendo cada vez mejor las relaciones y tensiones con el mundo, la sociedad y la Existencia.

Al principio de la historia para el hombre no hay mucha claridad que vaya más allá de la experiencia de la participación, de hecho esa claridad parcial genera más confusión que orden, sin embargo, incluso en esa confusión hay suficiente método para distinguir las propiedades típicas en el proceso de simbolización.

Propiedades típicas

  1. La primera de estas propiedades típicas es la experiencia de la participación. No importa lo que el hombre sea, se descubre una parte del ser.  El gran caudal del ser atraviesa al hombre y esto se experimenta con tal intimidad que el hombre cancela la separación de las substancias. En este lugar todo lo que rodea al hombre tiene fuerza, sentimientos, voluntad. En este lugar las plantas y los animales pueden ser hombres y dioses, los hombres pueden ser divinos y los dioses son reyes. El cielo es Horus y el sol y la luna son sus ojos.
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En las tribus antiguas, donde no hay mucha claridad que vaya más allá de la experiencia de la participación la experiencia del ser se experimenta con tal intimidad que el hombre cancela la separación de las substancias creando genera más confusión que orden.

2. La segunda propiedad típica es la preocupación por lo transitorio y lo perdurable. El hombre se da cuenta de que las diferentes existencias se distinguen en sus grados de permanencia. Un hombre muere, otro más le sobrevive, la sociedad sobrevive a los hombres particulares, y las sociedades pasan mientras el mundo permanece. Y el mundo es sobrevivido por los dioses e incluso creado por ellos.

El ser exhibe unos lineamientos en la jerarquía de la existencia, desde el hombre efímero hasta los dioses que perduran. Esta experiencia de jerarquía es un importante dato del orden del ser, que se convierte en una fuerza que ordena la existencia del hombre. Un rayo de sentido (meaning) ilumina el rol del hombre en el drama del ser, en donde el éxito del actor depende de la asimilación o en el ajustarse a los más perdurables ordenes de la sociedad, el mundo y Dios. La vida humana es corta y deja de ser, pero el ser del que experimentamos participación no cesa de existir. Al existir experimentamos la mortalidad y en otro  sentido (en el ser) experimentamos la inmortalidad. En nuestra separación como existentes experimentamos la muerte en nuestra participación con el ser experimentamos la vida. La permanencia es una propiedad del ser. La transitoriedad es una propiedad de la existencia tal como la experimentamos. Si examinamos el misterio de la transitoriedad como si la muerte fuera una cosa, nos encontramos con el vacío y la nada. Al cosificar el misterio de lo perdurable no encontramos la vida eterna sino dioses inmortales y una existencia en el Olimpo. En las experiencias de la transitoriedad y de la permanencia se nos revela algo del misterio del ser.

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