Toda la creación puede ser lugar de oración si la persona sabe convertir cualquier lugar en eso elevando su vista hacia el Padre. No importa si estás en un hermoso lugar con el cielo, nubes y el mar o las montañas o en una oscura cueva o incluso en un calabozo o en una carcel. Para orar no necesesita más que amor y querer.

Lo mismo sucede en una ajetreada ciudad, que una cima apartada del mundo, si está el hombre en ella. Dios está en los corazones de todos los hombres. Satanás tienta, pero Dios seduce también ahí donde esté su imagen y semejanza, en cualquier lugar que sea. Y el hombre, el decide con quien ir.

Cfr. MV 176.3